Intereses a pagar por mi préstamo

Los préstamos de las entidades financieras, bien sean a personas físicas (para pagar una vivienda, un coche, unas vacaciones…) o bien para personas jurídicas (abrir un negocio, pagar las primeras nóminas, etc.) suelen generar intereses que hay que afrontar lamentablemente. Las instituciones públicas también se han endeudado y los intereses bancarios han supuesto un grave obstáculo para su recuperación económica.

Cuando una persona, bien sea física o jurídica, pide un préstamo a una entidad financiera, ésta genera una serie de intereses que han de ser devueltos por el servicio prestado. He aquí una de las principales claves, y más básicas, del sistema bancario que se mantiene hoy día. Los intereses son siempre un lastre para el que tiene que pagar, pues suelen ir en incremento a lo largo del tiempo. Por lo tanto, cuanto más tardemos en devolver el dinero a la entidad crediticia, más tendremos que pagarle. Llegados a este punto, nos planteamos el objetivo de nuestro artículo, que no es otro que dar pistas sobre cómo gestionar los intereses que nos quedan por pagar tras haber recibido un préstamo bancario. Pero antes de entrar en materia, hemos de tener siempre presente que estamos hablando una situación derivada de una financiación, por lo que aquello que debemos devolver es porque previamente lo hemos disfrutado o utilizado para alguna empresa determinada.

Intereses por pagar

En el caso de las personas físicas, las principales causas que derivan en el pago de intereses son los créditos para la compra de bienes (o servicios) de alto coste: vivienda, coche, electrodomésticos, vacaciones, etc. Por su parte, en el caso de las personas jurídicas, estás están más relacionadas con la apertura de establecimientos, altas en los servicios mínimos, alquiler de un espacio para desarrollar la actividad económica, pago de las primeras nóminas, inversiones en determinados activos o compra del material necesario para desempeñar el negocio. En ambos casos hay que tener en cuenta que cuanto más elevado sea el precio de aquello que queremos financiar, más elevados serán los intereses. Esto se debe a un principio básico que consiste en que todo el dinero que nos presta el banco deja de ser utilizado para otra actividad que la entidad pudiera considerar como beneficiosa.

El pago de intereses para saldar deudas con las entidades financieras han generado numerosos problemas: desde la crisis de la deuda externa que azotó a Iberoamérica durante el siglo XX, derivada de la necesidad de industrializar la zona ante el cierre de mercados europeos por culpa de la crisis del 29; hasta la actual crisis del euro, a la que está asociada una gran cantidad de casos de endeudamiento por parte de entidades públicas. El problema es que aquí tratamos con cifras imposibles y que muy posiblemente no se recuperarán. La negativa de México a seguir pagando la deuda en los años 80 puede ser un precedente muy importante.

Foto: shaneglobal