Ventajas y desventajas del oligopolio

El oligopolio es una situación excepcional en la que solo existe una empresa en el mercado que produce y comercializa un determinado producto, estando exenta de competencia.

oligopolio

Los oligopolios son objeto permanente de debate en torno a si su existencia es buena o positiva para el grueso de los consumidores. Generalmente, el consenso de los analistas es que el olipolio o monopolio son intrínsecamente negativos para cualquier mercado, sea cual sea la escala en la que se mueva su negocio. Los motivos emanan fundamentalmente de que se crea una situación anómala marcada por la preminencia de una sola compañía. La primera desventaja es por tanto evidente: en una situación de oligopolio el acceso de otras empresas a ese sector económico queda vetado.

Las firmas que van surgiendo en torno a una posibilidad de negocio oligopolista o que desean hacerlo próximamente se encuentran prontamente con límites a su actividad. A los mayores recursos económicos de las compañías dominantes se le suman una serie de beneficios legales que, a pesar de no haber sido redactados para avalar esta situación privilegiada, son instrumentalizados contra los posibles competidores. Si una empresa consigue desarrollar un producto novedoso e interesante para el consumidor, dispone automáticamente de una serie de medios para evitar que su idea pueda ser superada por otras.

Este último planteamiento nos lleva al siguiente grupo de desventajas, las relacionadas con los consumidores. Lógicamente, con una empresa goza de una situación tan hegemónica dentro de un sector puede imponer precios que no se darían si existiera una mayor competencia. No hablamos de precios altos derivados de los elevados costes de producción o de investigación, sino de unas primas claramente desproporcionadas que persiguen enriquecer a la compañía de manera artificial (sus productos se comercializan a precios considerablemente más altos que el nivel mínimo necesario para obtener ganancias). El usuario es por tanto el principal interesado en acabar con los oligopolios.

Para completar el cupo de inconvenientes, daremos un giro al enfoque del problema. Hasta ahora hemos detallado las características más desfavorables de una situación de oligopolio en el sector privado pero, ¿qué ocurre cuando el oligopolista es el Estado? Dependiendo de cada país, el sector público tiene a su disposición una serie de mercados de los que es o el único o el principal proveedor, estando por tanto los consumidores obligados a acudir a él con el agravante de que se trata de servicios básicos. Ello provoca una suerte de aceptación social del Estado porque se cree que es necesario para proveer responsablemente a la sociedad.

Por supuesto, no sería justo desmerecer algunas de las principales ventajas que pueden traer los oligopolios. Cuando se da una situación de protección legal o de ventaja competitiva en un sector concreto, las empresas beneficiadas cuentan con mayor libertad y tranquilidad para seguir investigando y mejorando sus servicios o productos. En consecuencia, dichas compañías realizan un uso responsable de su posición hegemónica para afianzarse como productores solventes y desapalancados. Como puede verse, la responsabilidad empresarial y la ética resultan esenciales para que esto se produzca.

Siguiendo con la tesis anterior, las empresas que no tienen que preocuparse, al menos o corto y medio plazo, por la competencia, están libres para mejorar su propia gestión interna. En este sentido, las remuneraciones de los profesionales que forman parte de sus plantillas podrían subir, la calidad de los productos no se debería de ver alterada ya que no hay necesidad de reducir costes y las adaptaciones a nuevas realidades de consumo resultan menos traumáticas. En definitiva, el funcionamiento interno de una empresa puede mejorar en una situación de oligopolio.

Los productos o servicios que los consumidores pueden conseguir a través de un complejo oligopolista deberían tender a ser cada vez mejores. La empresa en cuestión no tiene ninguna otra obligación comercial al margen de amoldarse a los cambios en los gustos de sus consumidores. Si un producto queda desfasado, el usuario cuenta con la certeza de que, tarde o temprano, la compañía comercializará una nueva versión del mismo que probablemente cumpla con sus expectativas. El único problema es que la calidad se paga.

En conclusión, la situación de oligopolio genera ventajas y desventajas y su valoración depende en gran medida de las prioridades de los consumidores. Si el primer elemento que debe observar todo producto o servicio es el precio o su competitividad, el oligopolio es algo dañino y distorsionador. Si lo prioritario es la calidad y el ajuste a los gustos de los consumidores, el monopolio puede tener cierto interés. En cualquier caso, la experiencia histórica prueba que los oligopolios suelen acabar cometiendo abusos.

Vía: Buenastareas.com

Foto: geralt